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EL AMANECER DE LAS BIBLIOTECAS  COMO BIEN PÚBLICO: EL CASO DE VALLECAS.

Inocencia Soria

LAS ANÉCDOTAS DE LA BIBLIOTECA

  
      Más allá de las estadísticas, el mismo director Mateu y Llopis publica en 1935 en el Boletín de Bibliotecas y Bibliografía un artículo referente a la Biblioteca Pública Municipal de Vallecas titulado ―Anecdotario de una Biblioteca Pública Municipal.

     Tras diversas consideraciones sobre la importancia y la frialdad de las estadísticas, el bibliotecario señala los detalles que más han atraído su atención en su trabajo en Vallecas: le chocaba que incesantemente y por público de diferente condición fuese solicitada una célebre obra de Armando Palacio Valdés hasta que se percató de que

Del anecdotario de una Biblioteca Pública Municipal. Mateu y Llopis, 1935

en un cine próximo se proyectaba una adaptación de esa novela; cuenta como diversos lectores del servicio de préstamo al devolver el libro que acababan de leer, traían algún libro suyo como donativo a la biblioteca para manifestar su agradecimiento; alaba también la responsabilidad de los lectores del servicio de préstamo comprando, sin que mediara reclamación por parte de la biblioteca, obras que habían deteriorado; hace comentarios sobre algunas de los títulos más solicitados coincidiendo con la muerte de sus autores entre ellos El fuego de Barbusse, las Sonatas de Valle Inclán y alguna obra de Rudyard Kipling.

     Relata también el asombro de algún lector sobre la gratuidad del servicio y se extiende en la historia del gato de un joven obrero, de oficio encerador, que se encontraba sin trabajo y ―Hallándose leyendo una obra de Andreiev hubo de dejar momentáneamente el libro sobre una silla cuando un gato arañó la primera hoja del texto, haciendo imposible la lectura de cuatro o cinco líneas en cada una de las dos páginas. Justamente preocupado se presentó en la biblioteca, manifestando que después de ocurrido el percance y a pesar de su condición de ―sin trabajo se había recorrido las principales librerías en busca de otro ejemplar de aquella obra, encontrándose con que se hallaba agotada.

    Antes de que por la biblioteca le fuera hecha observación alguna, se brindó a ¡hacer componer aquella primera hoja por un amigo linotipista! Y renovar la encuadernación. Habiéndose comprobado por la biblioteca hallarse agotada por aquellos días la edición y después de copiar de un ejemplar de otra biblioteca pública el texto perdido, le fue entregado este al lector, quien a los pocos días volvía con los párrafos mutilados nuevamente impresos en papel igual al del libro y tipos casi idénticos, quedando restaurada la hoja que fue juego de un gato y tormento de un lector.

    En cuanto a los catálogos, la Memoria señala que no existía catálogo de autores pero sí un catálogo de materias organizado según la Clasificación Decimal Universal que se sigue empleando hoy en la mayor parte de las bibliotecas, con

guías y suplementos aclaratorios de su contenido. Según recalca el director Felipe Mateu y Llopis, este catálogo era manejado con mucha facilidad por los lectores.

 

 

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