GARCIA, Alberto
Alberto García ha inscrito su nombre entre los grandes del atletismo mundial. Tras batir en quince días dos récords de Europa en 3.000 y 5.000 metros, el pasado 16 de marzo consiguió una medalla de plata en los Mundiales en pista cubierta celebrados en Birminghan. Sólo el imbatible Haile Gebrselassie fue capaz de ganarle y al terminar la prueba se acercó a él para felicitarle diciéndole: "pareces un etíope". Hizo los 3.000 metros en 7 ,42,08 y su próxima cita importante son los Mundiales al aire libre que se disputarán en verano en París.

 

De pequeño jugaba al fútbol como los chicos de su edad. Lo hacía en un equipo del Tajamar, un colegio muy próximo a su domicilio. De habérselo propuesto habría llegado a ser un buen futbolista. Eso seguro, porque pundonor y entrega siempre le han sobrado a Alberto, a quien algunos ya apodan "El africano de Vallecas".
De haber seguido dándole patadas a un balón ganaría bastante más dinero que con el atletismo. Así lo reconocía en Valle del Kas cuando apenas había ganado dos o tres pruebas importantes: "De ser futbolista, con mi nivel sería millonario". En esas fechas el contrato con el club y los premios en metálico apenas le daban para ir tirando y pagar la entrada del piso que adquirió en el Congosto, en Villa de Vallecas. Seguía residiendo en la casa de sus padres en Fontarrón. Unos padres que siguen con pasión sus victorias, en especial su madre, quien se pone tan nerviosa que prefiere conocer el resultado después de que Alberto haya llegado a la meta. Habla, como no podría ser de otro modo, maravillas de su hijo. "Es que, aparte ya de que corra y gane, es muy buena persona", le dice a quien la saluda en el mercado de Numancia cuando baja a hacer la compra. Hasta hace unos meses nadie la conocía. Ahora la paran por la calle para felicitarle por los éxitos de Alberto.
Siguiendo con su biografía (ahora todos los medios de comunicación se han hecho eco de su victoria en Birminghan) un día se enteró de una carrera que se disputaba en su barrio, en Fontarrón. Así lo contaba en la revista a principios de 1.998, tras haber vencido en la san Silvestre del año anterior: "Esa no -che había estado de juerga. Comenzaba a las diez de la mañana la carrera y llegué justo a tiempo para salir. Corrí y gané. Aquello me animó a seguir participando".
Ya había dejado el colegio en Sandi y acudía al instituto Domínguez Ortiz, donde terminó COV. Se planteó el estudiar una carrera o ayudar a su padre en el taller de carpintería de aluminio y optó por lo segundo. Al tiempo seguía corriendo, ahora ya en el Larios, donde un amigo le llevó para hacer una prueba. Ganó dos veces la popular de San Claudio y desde el 96 se dedicó en cuerpo y alma al atletismo. Poco a poco iban llegando los triunfos.


EN LO MÁS ALTO DE SU CARRERA


Y este ha sido su gran año. Con quince días de diferencia batió en febrero los récords de Europa de 3.000 y 5.000 metros en pista cubierta. El 16 de marzo alcanzó el cenit de su carrera al codearse con el imbatible Haile Gebrsealssie, todo un prodigio del atletismo que durante los últimos diez años ha dominado esa distancia con autoridad. Hasta ese día nadie le había tratado de
tú. Pero Alberto incluso se per.
mitió el lujo de adelantarle, aun- que en la última vuelta demostró que hoy por hoy el etíope es in-
vencible. Sin embargo ganó a otros atletas de color de alto
nivel y el propio Gebrselassie se le acercó al término de la prueba y mirándolo con una sonrisa le dijo: "Pareces etíope". Ya empieza a conocérsele en el barrio como "El africano de Vallecas".
En el verano se disputarán
los Mundiales de París al aire libre y tendrá otra oportunidad de subir al podio. Después, en 2004 se disputan los Juegos Olímpicos de Atenas. Una medalla olímpica sería un sueño, pero realizable para este corredor que algunas semanas corre 180 kilómetros entrenándose. Su vida es muy sacrificada, "pero peor lo tiene la gente que va a un trabajo que no le gusta, yo disfruto y además me pagan, ¿qué más puedo pedir?", afirmaba en una entrevista en Valle del Kas.
Hasta hace unos meses no le llegó el reconocimiento del barrio donde había nacido. La Junta de Villa de Vallecas creó una milla urbana en su honor el pasado otoño y también la del Puente le rindió un homenaje. Ahora se habla de que un polideportivo de Vallecas Villa podría llevar su nombre. Bien merecido se lo tiene.