Julián
Martínez y el emperador
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Julián
Martínez Fronce acaba de cumplir 76 años. 62 de
ellos se los ha pasado trabajando como auxiliar de Farmacia, de
practicante, como podólogo.
Le han concedido todas las
medallas de su profesión y le falta, justamente, la más
merecida, la del Mérito del Trabajo. Ha sido tan meticuloso
en su horario que hasta cuando tenía novia le dedicaba
media hora de reloj cada día. El resto a estudiar, a ganarse
la vida. Aficionado a escribir ha rastreado bibliotecas, archivos
y hemerotecas para documentarse.
Así han ido surgiendo
biografías de personajes nacidos en Tarancón, donde
lo hizo él en el año 27. Ahí vio la luz un
tal Antonio Ruiz, quien llegaría a ser campeón de
Europa de los pesos pluma el 30 de octubre de 1.925 y a quien
apoderaban "El Emperador de Vallecas", por vivir aquí,
en la calle Puerto de la Magdalena.
Fronce ejerció de practicante
y podólogo en el barrio desde el año 57 hasta hace
unos meses cuando se retiró. La Junta de Castilla la Mancha
le entregará a finales de mes la medalla de bronce deportivo
de esa Comunidad por
su labor como deportista en su día.
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Martínez Fronce
ha escrito la biografía de este vallecano de adopción.
Lleva ya escritas más de 50 páginas. El siguiente texto,
con algunos retoques, lo publicó en una revista de Tarancón:
Antonio Ruiz nació en Tarancón el 13 de julio de 1.904.
Su padre era jornalero del campo y llegó a tener 16 hijos. Vivían
en una cueva, pasaron hambre y miseria, hasta que deciden trasladarse
a Vallecas, a la calle Puerto de la Magdalena. El padre se dedica a
la venta de carbón por las casas y la madre a la de frutas en
el mercado. A los nueve años Antonio comienza a trabajar de aprendiz
en una fábrica de papeles pintados. A los doce abandona el oficio
y quiere ser torero.
Inicia su andadura de maletilla por los pueblos de Cuenca y Valencia.
En todas partes recibe revolcones y palizas de los toros. En el barrio,
los chiquillos le apoderan "El torero". En vista de lo negro
del panorama decide abandonar y entra como empleado en un taller de
forja. Una huelga le deja en el paro. Con su amigo "El Benegas",
emprende camino a Barcelona subido en los topes de los vagones del tren.
Consigue ver el mar por primera vez en su vida.
Empieza a trabajar en los Talleres Prekler, de soldador. Una nueva huelga,
en el 21, le deja sin trabajo.
Es entonces cuando asiste a una velada de boxeo en el Iris Park y queda
prendado del valor de los contendientes. Se inscribe en el gimnasio
Boxing club y a los quince días sube al ring por
primera vez por cinco duros de plata. Fue un rotundo fracaso, pero allí
lo fichó un tal Frank Hoche quien lo llevó a su gimnasio,
haciéndole trabajar duro. Ahí empieza su carrera profesional.
Era el año 1.922.

Así van cayendo un buen puñado de pugilistas, cuyos nombres
hoy no nos dirían absolutamente nada, pero que entonces tenían
su caché. Es un feroz fajador, un terrible puncheur. Tiene un
tremendo crochet de izquierda.
En 1.923 regresa a Madrid. Ya es famoso. Trae los bolsillos llenos de
dinero. Sigue ganando peleas en un interminable rosario de víctimas
deportivas y a principios de 1 .924 se proclama campeón de España
tras vencer en dos asaltos a Cañizares. La International Boxing
Union le nombra aspirante al campeonato de Europa de los pesos pluma.
La pelea tiene lugar el 30 de octubre del año 25 en el Circo
Price con un lleno hasta la bandera. Su contrincante abandona en el
noveno asalto. Con 21 años Antonio Ruiz s el primer español
que consigue un título europeo. Vallecas se lanzó a la
calle para festejar durante toda la noche la conquista del título
por su hijo adoptivo.
Tras algunos combates de éxito, su afición a derrochar
dinero le hizo arruinarse y terminar como portero de gorra y librea
en la puerta de un cabaret. Una madrugada fue encontrado sin vida en
la calle de la Magdalena. Era el 25 de noviembre de 1.957.
Quien nunca fuera vencido por K.O., después de disputar mil,
sí, mil combates, cayó ante "la parca" en un
sólo asalto.
Julián Martínez
no ha cejado en su empeño hasta conseguir que la Junta de Castilla
y León otorgara la medalla de oro a título póstumo
al boxeador Antonio Rtilz, "El Emperador de Vallecas", quien
logró el título de campeón de Europa ante un público
expectante que llenaba el Circo Price el 30 de octubre de 1.925 (ver
recuadro).
En esa fecha aún le quedaban dos años para nacer a quien
hoy, a sus 76 años, acaba de retirarse de su profesión
yeso le de- jamás tiempo para seguir buceando en archivos y hemerotecas
para satisfacer su mayor pasión: la escritura.
En 1.957 se vino de auxiliar a una farmacia a la calle Mendívil
donde permaneció hasta el 63. "Me tuve que despedir porque
hubo una epidemia de gripe y no daba abasto a poner inyecciones",
comenta.
A lo largo de su vida le han impuesto no pocas medallas. Entre ellas
la insignia de plata del Colegio de Podólogos, el 2 de noviembre
del pasado año, la Cruz de Orden Civil de Sanidad, el 20 de julio
de 2002 o la Cruz Azul en categoría de plata del Insalud en 1.993.
"Sólo me falta la del Trabajo que creo que me la tengo bien
merecida después de estar 62 años currando", afirma
con picardía este hombre muy ligado al distrito desde su juventud.
Practicante, o ATS como ahora se denomina a la profesión, podólogo,
fisioterapeuta, deportista y escritor en sus ratos libre. Todo eso y
mucho más abarca la biografía de Julián Martínez,
a quien conocen miles de val1eca- nos, debido a su profesión.
Es una persona a quien le cunde mucho el tiempo. También 10 planifica
con un método rígido ya desde su adolescencia. "me
hacía un esquema de trabajo donde ponía: media hora con
la novia. Así fui estudiando y trabajando, sacando tiempo para
todo", afirma.
Tras hacer la mili en Madrid entró como auxiliar de una farmacia
en la calle Mendívil ganando 2.500 pesetas al mes "más
otras 500 en que estaba valorado el alquiler de la casa donde vivía".
Para redondear el sueldo comenzó a ejercer de practicante cuyos
estudios había cursado con anterioridad.
"Había entonces en Vallecas, recuerda, dos mujeres que ponían
inyecciones sin ser profesionales y a las que yo llamaba Felipas. En
el Colegio me dijeron que las denunciara pero eso no iba conmigo, quería
demostrarle a la gente que un profesional es siempre un profesional
y a los pocos años ya no estaba ninguna de las dos. Por cierto,
una vez voy a poner una inyección intravenosa a un enfermo y
me lo encontré como un flan por la mañana. Lo había
dejado la noche anterior muy tranquilo.
Cuando le pregunté qué le pasaba me contó que una
de aquellas Felipas le había dicho que con esas inyecciones sólo
se salvaba uno de cada diez de los que se las ponían", Jubilado
hace escasos meses, ha tratado a algún biznieto de sus primeros
pacientes. Lo peor era pinchar a los niños. "Una vez tuve
que ponerle una inyección de calcio a un niño con leucemia.
Era en el cuello. Su padre lo agarraba y yo le puse la inyección
en la carótida. El pobre se murió. Cuando muere alguien
me veo impotente para darle el pésame, es superior a mis fuerzas.
y es que en esta profesión te llegas a hacer casi de la familia".
Cuando llegó al barrio ya no corría el agua por el Arroyo
Abroñigal pero no se había hecho el colector y aún
quedaban juncos en los márgenes. "En Peña Prieta
había unas riadas tremendas y el agua llegaba a los dos metros
de altura y los zapa- tos de las tiendas iban como barquitos",
afirma.
Dos epidemias, una de viruela y otra de gripe asiática, le obligaron
a él a y su hermano a emplearse a fondo. "en pocos días
hicimos hasta 150 visitas a domicilio para poner inyecciones".
Entre sus múltiples recuerdos destaca el de un día en
que tenía que pinchar a una niña cada doce horas. "Un
día fui antes de la hora porque tenía que hacer otras
cosas y eso le salvó la vida a la familia. La abuela y la madre
habían inhalado monóxido de carbono producido por un brasero.
Cuando llegué estaban apoyadas sobre la mesa camilla. Un poco
más y no lo cuentan. Le apliqué los reme- dios oportunos
y así consiguieron recuperarse". Aficionado al fútbol
y al deporte desde niño llegó a ser subcampeón
provincial de 400 metros en los años 46 y 48. "Y tengo los
autógrafos de los mejores jugadores que han pasado por el Madrid
como Di Stéfano o Gento, aunque soy del Atlético de Madrid,"
concluye.
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